El Paris Saint-Germain ya no es el mismo club. La salida de Kylian Mbappé marcó un antes y un después. Un punto final a una etapa de excesos. Y ahora, ese cambio de rumbo empieza a tener consecuencias directas en el vestuario. La más inmediata apunta a Ousmane Dembélé. Su renovación, hoy por hoy, está lejos de estar encarrilada.
En París han aprendido la lección. Durante años, el PSG construyó su proyecto a base de cheques en blanco. Sueldos fuera de mercado. Estrellas acomodadas. Mucho ruido. Pocos resultados europeos. Mbappé fue el último gran símbolo de esa era. Y también el detonante del giro.

Fin a los sueldos desorbitados
Desde la llegada de Luis Enrique, el club ha cambiado las reglas del juego. Aquí no se fuerza a nadie a quedarse. Y tampoco se rompe la banca por retener talento. El mensaje es claro: quien no acepte el nuevo modelo, sale.
Los contratos ahora tienen otra estructura. Salarios más contenidos. Variables por rendimiento. Incentivos por partidos jugados. Nada de privilegios. El PSG quiere compromiso, no nombres. Y eso ha provocado salidas sonadas en los últimos años.
Verratti fue uno de los primeros. Neymar, otro. Donnarumma, pese a ser clave y uno de los mejores porteros de Europa, tampoco encajó en el nuevo esquema salarial y acabó marchándose. La política ya no se negocia.
El caso Dembélé, en punto muerto
Y ahí entra Dembélé. Balón de Oro. Determinante en la última Champions. Un futbolista capital. Pero con un problema. Sus agentes pidieron una mejora salarial importante tras su gran temporada. El PSG dijo no.

Nasser Al Khelaïfi fue tajante. “Amo a Dembélé, pero tenemos un límite salarial”. Una frase corta. Pero muy reveladora. El club quiere renovarle. Sí. Pero sin romper la escala interna. Sin excepciones. Sin volver al pasado.
La propuesta está encima de la mesa. Un sueldo base ajustado. Y variables ligadas al rendimiento. Si juega mucho y rinde, gana más. Si no, no. Así de simple. El modelo Mbappé, ese en el que una estrella decidía todo, ya no existe.
Por eso la renovación se ha enfriado. No está rota. Pero tampoco avanzada. En París no hay prisas. El PSG ha decidido caminar sin mirar atrás. Y si Dembélé no acepta, el club asumirá la consecuencia.
El mensaje es contundente. Mbappé se fue. Y con él, una forma de gestionar. Ahora manda el proyecto. No el nombre.