Jugadores como Vinicius, Bellingham, Huijsen o Álvaro Carreras han compartido imágenes de su estancia en la lujosa capital del Golfo Pérsico. Lujo, clima cálido y experiencias exclusivas convierten a la ciudad emiratí en uno de los refugios preferidos del fútbol profesional durante las vacaciones.
Todo ello tiene que ver, sin embargo, con los acuerdos de patrocinio firmado, por el que deben ir jugadores de vez en cuando y hacer promoción y que, por un año, han decidido pasar unas Navidades diferentes a las habituales.

Esta vez, los protagonistas han sido Dean Huijsen y Álvaro Carreras, dos futbolistas del Real Madrid que han disfrutado de sus días libres en Dubái y cuyas publicaciones en redes sociales no han tardado en generar polémica.
Destino de lujo para las vacaciones
Han compartido imágenes de sus vacaciones en las que aparecen interactuando con animales salvajes en zoológicos privados, una práctica habitual en este tipo de destinos turísticos.
Aunque cada uno ha viajado por separado y acompañado de su entorno familiar, el contenido de sus publicaciones ha incendiado las redes. Comentarios como “Esto es una payasada” o “Posar con animales salvajes en cautividad es una vergüenza” reflejan el malestar de una parte de la afición, que cuestiona tanto el trato a los animales como el mensaje que transmiten figuras públicas tan influyentes.

Álvaro Carreras ha sido uno de los más señalados tras publicar imágenes paseando a un tigre blanco, además de posar con un león y acariciar a una cría de mono. Las fotografías, tomadas en un entorno claramente controlado y pensado para el turismo de alto nivel, muestran al lateral disfrutando con naturalidad de una experiencia que, para muchos, resulta tan llamativa como controvertida.
Dean Huijsen ha ido un paso más allá en cuanto a variedad. El central ha compartido vídeos y fotografías rodeado de serpientes de gran tamaño, tigres de Bengala, águilas, lemures e incluso osos. Algunas de estas imágenes han sido publicadas en su perfil personal.
El caso de Huijsen y Carreras vuelve a demostrar que, en el fútbol moderno, incluso el descanso puede convertirse, gracias o no, a las redes sociales, en foco de debate social.