Las lesiones no entienden de nombres, pero sí de posiciones. En el fútbol actual cada demarcación tiene sus riesgos y los datos médicos lo confirman: los defensas suelen sufrir dolencias más graves y con tiempos de baja más largos que los delanteros. No es una percepción exagerada ni una excusa de vestuario. Es una tendencia que se repite temporada tras temporada y que también se ha reflejado en el día a día del Real Madrid.
La tabla de lesiones por posición lo deja claro. En la línea defensiva aparecen rodillas e isquiotibiales como los grandes enemigos. Éder Militao y Antonio Rüdiger, por ejemplo, han estado más de 60 días fuera por problemas de este tipo. Son lesiones estructurales, profundas, que no se curan en dos semanas.

Acciones al límite y rodillas bajo presión
El central vive en el choque constante: entradas, bloqueos, despejes al límite y giros forzados con el pie clavado en el césped. Ese mecanismo es el caldo de cultivo perfecto para la temida tríada de rodilla. No es casual que las bajas más largas estén en esa zona del campo.
En los laterales el patrón cambia, pero el riesgo sigue siendo alto. Trent, Mendy o Carvajal han sufrido lesiones de muslo y pantorrilla con plazos de entre 30 y 45 días. El ida y vuelta continuo, las carreras hacia atrás y los cambios de ritmo castigan la musculatura y aumentan la probabilidad de rotura.
El contraste con los delanteros
Arriba el escenario es distinto. Mbappé y Rodrygo, según la tabla, han padecido sobre todo molestias de rodilla o problemas musculares con bajas estimadas entre 15 y 30 días. Son lesiones agudas, muchas veces ligadas a la velocidad punta y a la explosividad, pero menos asociadas a daños estructurales graves.
En el centro del campo, casos como Valverde o Camavinga muestran un punto intermedio, con problemas de isquiotibiales y ausencias de entre 20 y 40 días. Y en la portería, Courtois ha sufrido dolencias musculares u hombro con tiempos variables.

La conclusión es evidente: el tipo de acción define el tipo de lesión. El defensa se expone a impactos estructurales y giros de alto riesgo. Y cuando cae uno de ellos, el equipo no solo pierde minutos. Pierde estabilidad.